Y fue así que empecé a interesarme por la magia y por lo que a ella le gustaba y me puse a escribirles a ambas como si fueran una sola. Ese día escribí sobre aquel ser de mirada despistada y singular sonrisa, que irradia magia a cada paso que da, ahora creo en la magia porque sé que existe ella que la hace brotar de su piel y la usa para cubrirse del exterior y de todas esas personas que creen saber lo que hacen. Sé que existe porque la miré a los ojos y no encontré otra cosa que el poder infinito de sus hechizos que me envolvieron hasta hacerme caer de nuevo a sus pies. Ahora sé que existe la magia porque la veo a ella y así sin ningún motivo me dan ganas de quedarme.